Sanado de Sida


El es quien perdona tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias;
el que rescata del hoyo tu vida, el que te corona de favores y misericordias.
Salmo 103:3-4

Vivimos en tiempos peligrosos; en que la juventud es arrastrada por la corriente del mal, mientras es victima del pecado, Dios nos muestra su amor y misericordia, diciendonos: “Acuerdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los dias malos, y lleguen los años de los cuales digas: no tengo en ellos contentamiento”. (Eclesiastés 12:1).

Con gozo y gratitud alabo el dulce nombre de mi bendito Dios y Salvador, ya que siendo hijo de padres cristianos pude conocer el evangelio de mi Señor Jesucristo y a la edad de 17 años en 1983, El perdono y lavo mis muchos pecados, pero al transcurrir los meses me presente voluntariamente a cumplir con el servicio militar en donde me aparte de la casa de Dios, dondo solo llegaba en forma intermitente a los medios de gracia, asi llego un momento que en el ir y venir a la Iglesia le prometi que le serviria todos los dias de mi vida.

Al transcurso de los años se me olvido la promesa por eso “cuando a Dios hace promesas, no tardes en cumplirla; porque él no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes. Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas”. (Eclesiastés 5:4-5).

Y me fui apartando de Dios, pero no dejaba de pedirle que me guardara en mis caminos. Fue entonces que el pecadodejando me hizo esclavo, empecé a participar del mundo en todo lo que ofrecía, comenzando a viajar a Santiago en donde hice muchos amigos y adquiri vicios como fumar y tomar alcohol, visitando lugares mundanos como las discocabaret, en donde la corrupción me consumía día a día, al frecuentar estos lugares fui relacionandome con gente importante desde lo más insignificante hasta empresarios, en donde los escrúpulos no se conocen, y transcurrido el tiempo en medio de esta vida que llevaba, comencé a sentir la necesidad de ir a la Iglesia, pero me encontré que Dios no me permitía entrar, una fuerza mayor a la mía me sostenía y no me dejaba, por eso es verdad lo dice su Palabra que Dios no por siempre contenderá con el hombre.

Fue así como comencé a enfermar, a bajar de peso, teniendo que tratarme con un médico, el cual me realizó una serie de exámenes, los cuales arrojaban buenos resultados, no me encontraban ninguna enfermedad, pero yo decaía más y más al pasar los meses, y para poder tratarme con los médicos, me tuve que endeudar en financieras, no teniendo ya de donde sacar dinero, decidí no tratarme más, y mi enfermedad me seguí debilitando cada día más, por lo que me fui al hospital a que me viera algún médico al tiempo que una persona amiga me aconsejo que me hiciera el test del sida, después de mucho pensarlo fui y me lo hice, grande y doloroso fue el resultado el cual salió positivo, yo caí en una terrible angustia, en donde me preguntaba porque yo, tuvo que pasar mucho tiempo en donde amargas fueron las lágrimas de dolor que derramé.

sidaSólo Dios y la enfermera que estaba a cargo de los enfermos crónicos sabía por los que estaba pasando, se me dio consejería de cómo tenía que actuar por mi enfermedad, y allí pude comprender que esta horrible enfermedad que tenía, era producto de la vida desordenada y licensiosa que llevaba. Así que le pedí a Dios que lo único que quería era pasar estos últimos días de mi vida en su casa de oración, como así mismo que no hiciera nada por mí, para así nunca más alejarme de Él, que es amor y fuego consumidor.

Así fue que mi Dios en su amante bondad y misericordia me permitió entrar en su casa de oración, y comencé a participar en las reuniones en el local que queda a media cuadra de mi casa, al pasar los meses muchas veces me sentía morir, por lo que un día me tuvieron que hospitalizar en una triste condición, con la enfermedad muy avanzada, con una indigestión crónica y alta fiebre, por lo cual tuve que hacerme varios exámenes, llegando a pesar 48 kilos, por lo que una enfermera me dijo que de este estado no pasaba, indicándome también que muchos de los enfermos como yo eran rechazados por la sociedad. Pero Dios que no se olvida de sus hijos me sacó de ahí, y a mi salida se me indicó que muy pronto estaría de vuelta para morir.

Un día al regresar de mi trabajo Dios habló a mi vida y me dijo: “Prepárate con oración y ayuno”, al principio pensé que era un pensamiento mío, y a pesar de mi condición física deteriorada obedecí, transcurrido un mes mi amado Pastor me notifica que estoy considerado en una misión pedestre con los jóvenes, tuve mucho temor por esta efermedad, ya que hasta ese momento nadie sabía lo que tenía, pero Dios puso en mí el deseo Iglesias, y Él me estaba esperando para restaurar mi vida espiritual, limpiando mis vestiduras y mi sello, dandome por la fe de su sangre bendita, la cual me dio la fuerza para poder mantenerme en pie.

toque de diosAsí empecé a buscar a Dios de más cerca, pero como el enemigo no se queda tranquilo las dificultades empezaron a rodearme, pero con el gozo que mi Salvador dejó en mi alma y corazón en la misión pude salir adelante. Y en el mes de mayo de 1998 los días 21 al 24 fui notificado para una misión con algunos jóvenes a las amadas Iglesias en Limache, Villa Alemana e Hijuelas, donde el Señor Jesucristo me estaba esperando en el local de Rabuco de la amada Iglesia en Hijuelas, donde después de visitar algunos enfermos el Señor me habló por su Palabra en San Lucas 8:22-25 y en la reunión de culminación de nuestra misión donde fuí enviado con el ayudante del Cuerpo de Jóvenes, nuestro Señor Jesucristo mostró su gloria en favor de todos muy en especial en mi vida, ya que tomó a sus instrumentos (algunos hermanos) y empezó a hacer maravillas con su poder, y su gloria se veía de una manera notable, un instrumento fue donde yo estaba y me llevó adelante al altar santo donde el Señor y sus vasos empezaron a inyectar jeringas en ambas manos por el brazo derecho entraba sangre y por el izquierdo salí toda la sangre mala, yo pensaba que eso era para mantenerme, como lo había hecho antes, pero grande fue mi sorpresa cuando el Señor Jesús me declaró sano de mi enfermedad, llegando a una recuperacion en la que mi peso actual es de 65 kilos.

En mí no habían palabras para dar gracias a mi Dios y Salvador, pero ahora comprendo que su Palabra es fiel y verdadera, donde nos dice: “El es quien perdona tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias; el que rescata del hoyo tu vida, el que te corona de favores y misericordias”. (Salmo 103:3-4).

A Dios que renueva sus misericordias cada día, sea la honra, gloria y alabanza. Amén.

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