Dios Llenó mi Vientre


Dios Llenó mi Vientre

MatrimonioEn 1991, a los 23 años, contraje matrimonio con un joven de 28 años miembro de las Asambleas de Dios. Nos fuimos a vivir a Rancagua. Llenos de planes a causa de nuestras nuevas vidas y carreras profesionales, bajo ningún punto pensábamos tener hijos de inmediato; de hecho, estimábamos esperar unos tres años, pero la presión sicológica que ejercen las personas es tan fuerte y molestosa que al año y un mes de casada dejé de usar el método anticonceptivo elegido por mí, sin tener conocimiento de que ya estaba incapacitada para engendrar.

Después de ello, cada mes nacía la esperanza para luego morir al inicio de mi período menstrual, renaciendo después otra vez. Esto estaba resultando ser una tímida, pero creciente tortura. Debo decir que pasé aproximadamente un año así, hasta que conversando con mi esposo decidí ir al ginecólogo para que decidiera lo que debía hacerse. Este doctor determinó el realizar un examen a mi marido, cuyo resultado no mostró ningún tipo de anormalidad. En mi caso la lista de exámenes era larguísima, el médico me informó que algunos de ellos resultarían verdaderamente dolorosos y bochornosos así es que me preguntó si yo era lo suficientemente valiente, le dije que sí. Alcanzó a hacerme un par de exámenes y desistí, pues comencé a cuestionarme sobre la opinión de Dios respecto a todo ello.

En ese tiempo nos congregábamos en las Asambleas, pues como ya mencioné anteriormente, mi marido eraiglesiamiembro de aquella Iglesia, aunque yo nací en Cristo junto a nuestro Obispo y su esposa y nunca perdí contacto con ellos. Un día, por mandato divino, ellos viajaron a nuestra casa a llevar muchísimas bendiciones espirituales, las que fueron entregadas por medio de palabra profética a través de nuestra Pastora; en medio de todo el Señor habló a mi vientre ordenándole acomodarse. Me sorprendí mucho, pues aún no había pruebas médicas de mi incapacidad.

El tiempo pasaba y se acrecentaba una pena muy escondida. Un día el Espíritu Santo trajo un pasaje bíblico a mi mente: “Y Elcana su marido le dijo: Ana, ¿por qué lloras? ¿por qué no comes? ¿y por qué está afligido tu corazón? ¿No te soy yo mejor que diez hijos?” 1S 1.8 Yo respondí: Amén, Señor, Usted y mi esposo son mejor que muchos hijos.? Decidí que teniendo ya palabra de Dios debía tener la certeza de que Dios haría lo que más convenía para mí y los que me rodeaban, por lo tanto ya no habría en mí más aflicción respecto a ello. De ahí en adelante se sucedieron muchísimas profecías donde el Señor seguía organizando mi cuerpo, me hablaba de un hijo, me decía que lo tomara, que sintiera la tibieza de su cuerpo, que lo arrullara en mis brazos, etc.

Durante aproximadamente cinco años el Señor mantuvo un constante fluir profético respecto a ese hijo. Mi vida seguía desarrollándose coronada de innumerables satisfacciones en distintos ámbitos, especialmente en el espiritual; llegué a sentir que nada me faltaba y que todo estaba organizado en mi vida. Pero la gente a mi alrededor (conversos e inconversos) mostraban tanta preocupación porque no llegaban los hijos que constantemente ¡éramos ametrallados! con información de todo tipo, especialmente acerca del tiempo que ya estaba pasando. Mis padres y hermanos sufrían, ellos ya no hablaban del tema.

Empecé a pensar en la participación que Dios esperaba de mí acerca de la venida de ese hijo. ¿Qué debo hacer, Señor?? Yo no quería perder la bendición por no haber puesto de mi parte; a lo mejor, pensaba yo, Dios va a darme un hijo después de someterme a tratamiento médico. Pero, por otra parte, ¿qué pasa si yo actúo de esa manera y no era lo que Él quería?? Conclusión: Oración y oración pidiendo claridad.

Una noche tuve un sueño: Aparentemente se estaban celebrando las Fiestas Patria y se había organizado una especie de Feria Persa, todo el ambiente era cristiano. Un puesto llama mi atención: el vendedor había puesto un paño en el suelo donde tenía sus productos a ofrecer: bebés. Mi corazón da un vuelco y tomo la decisión, digo al vendedor ?Yo le voy a comprar uno, espere.? Voy donde una vecina y le digo: ? Lo decidí. Haga todo lo necesario para que yo adopte un niño.? Ella preguntó ?¿Está segura? No le vaya a pasar lo mismo que a Sara.? Me dije a mí misma: Es verdad. Por adelantarse a Dios, Sara complicó todo. No debo ser como la esposa de Abraham, no debo tratar de ayudar a Dios. O si no, voy a tener muchos problemas.?

testEn julio de 1998, a los siete años y medio de casados, después de notar muchas ¡rarezas en mí!, sólo con el conocimiento de mi esposo me hice una Prueba de Embarazo, la cual arrojó un resultado positivo. La doctora confirmó el resultado. Mi esposo, como el excelente Contador Auditor y fiscalizador que es, me pidió documentos y no sólo la palabra médica. Entre los exámenes que hube de hacerme estaba la ecotomografía obstétrica transvaginal. Se ingresa un aparato de ultrasonido el que capta imágenes reales de lo que sucede en el útero, lo que se puede ver a través de un monitor (especie de televisor). Cuando miré al monitor vi un embrión con la forma de una haba, no sentí mucho pues pensé que era la imagen detenida del examen de una paciente anterior, pero el doctor me dijo: ¡Mire, mamita, esa es su guagüita.!

Fue en ese momento cuando sentí que los cielos estaban abiertos y millares de ángeles observaban ese instante; sentí el dedo de Dios apuntando a mi vientre. Me sentí la escogida entre las seis mil millones de personas del mundo, de las cuales la mayoría es de mujeres. No quitaba los ojos de esa imagen milagrosa en el monitor. Llevé mis manos a mi cara y lágrimas tras lágrimas comenzaron a mojar mi rostro; el doctor todo el rato me informaba: Está bien su guagüita, mamita. Escuche su corazón.! Los latidos eran fuertes y rápidos. ¡Había vida en ese vientre que una vez fue seco como el desierto! El médico se dio vuelta a mí cuando me sintió sollozar, el pobre tan ajeno a lo que me estaba pasando me preguntó ?¿Qué le pasa? ¿por qué llora? ¿le está doliendo o llora de alegría?? Yo ni le contesté. En esos segundos pasaron por mi mente escenas en donde veía y recordaba cómo el Señor había arreglado mi cuerpo paso a paso en un trabajo divino de joyería.

Cuando salí de la consulta me di cuenta de que había sido un error el ir sola. Pensaba en mi mamá, en mi Pastora Jeannette; si ellas hubieran estado ahí habría sido todo tan distinto. Quería que alguien me abrazara y me dejara llorar del inmenso gozo que me inundaba, incluso estuve a punto de pedírselo a alguna señora que esperaba su turno. Me fui a mi casa como en una nube, allá esperaría a mi amado para mostrarle la cinta de video que había grabado con todas las imágenes. La espera se me hizo eterna, pues llegó más tarde de lo acostumbrado. Pero lo que vino fue maravilloso. Mi esposo no pestañeaba al mirar las imágenes, yo creo que ni respiraba. Estaba tan emocionado ¡cómo no estarlo! Si su anhelo de vida era tener un hijo, si a los diecisiete años comenzó a escribir un libro para el primer hijo que tuviera, si durante los años de matrimonio se pegaba al televisor cuando mostraban anuncios comerciales donde los protagonistas eran bebés, si cuando estaba cansado iba a la casa de algunos hermanos de la congregación ?a jugar con los niños?.

Durante todo este tiempo de espera él guardó silencio. Ahora él podía hablar: llamó a todos los que quisieran escuchar. La primera en recibir la noticia fue nuestra amada Pastora Jeannette, pues mi esterilidad la hizo suya y sé que sus oraciones junto a las de muchas personas llegaron a la presencia de Dios. Ahora que escribo esto, mi hijo Samuel, de un año y cuatro meses, juega… y mi segundo bebé de casi ocho meses de gestación duerme en mi guatita. ¡GLORIA A DIOS!

Mi testimonio no es para decir que no hay que ir a los doctores o que no hay que someterse a tratamiento médico, no. Tampoco es para decir que Dios solucionará cada problema de infertilidad en el mundo; en mi caso Él decidió que yo debía servirle con hijos; tal vez en su caso Él determine otra cosa y Dios siempre merece nuestra adoración y gratitud, no importa lo que decida. Yo testifico que Dios es Dios Todopoderoso, Hacedor de milagros, que cumple cada una de las promesas que ha hecho, que NUNCA olvida que dio su palabra, que es Fiel, que Él es el Único en el que podemos confiar totalmente y que no importa el tiempo que pase, lo que Él dice, se cumple. AMÉN.? Yo pues, como Ana, lo dedico también a Jehová todos los días que viva, será de Jehová. Y adoró allí a Jehová?. 1S 1.28 ? Y visitó Jehová a Ana, y ella concibió tres hijos y dos hijas. Y el joven Samuel crecía delante de Jehová. 1S 2.21

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