Nunca puso su rostro sobre mi


por Juan López

huerfanoCuando era pequeño creía en Dios. Mi abuela, aunque era católica, nunca me enseñó falsa doctrina; siempre me habló de Jesús. Según todos me cuentan yo siempre buscaba de Dios. Una vez escuché la voz de Dios, aunque no sé que me dijo, sé que cuando muera Dios me lo va a revelar.

Tiempo después murió mi padre, a quien yo amaba y deje de creer en Él, aunque a veces le pedía cosas pecaminosas, no entendía que Dios me amaba.

En una época yo era ateo y me encantaba, como a ellos, inquirir en las creencias del otro. Me regocijaba de mi propia sabiduría, y desechaba todo lo que viniera del lado místico.

Aunque por cuestiones que tenían que ver con la “new age” (drogas alucinógenas, y otras doctrinas hiposas) empecé a creer un poco en Dios, en la reencarnación y todo eso.

El día que el demonio entró a mi vida:

Vino a casa un día un amigo con el famoso tablero “Ouija”, similar al juego de la copa pero que se juega en una tabla y con un anillo en el cual se apoyan los dedos de los practicantes a fin de que se mueva hacia las letras, números,”Si” o “No” y la fundamental tecla del centro que dice: “Adiós”. Este juego genera una supuesta comunicación con “El Mundo de los Muertos” (Hades, Seol). Nos comunicábamos exclusivamente con demonios, especialmente uno llamado Demían, pero no era el único. En ningún momento nos hubiésemos podido comunicar con los muertos porque este juego es de invocación demoníaca; aunque los espiritistas digan lo contrario y afirmen que se comunican con “seres de luz”, no me extraña ya que recordando la palabra de Dios “Luzbel” (el verdadero nombre de lucifer significa “Ángel de Luz”). Me invitaron a jugar mi amigo y mi hermano y aunque ya me habían contado que se comunicaban con demonios, accedí ya que ellos no podían atraer a nadie; cuando me senté el anillo mágicamente empezó a moverse. A continuación redacto mi primera experiencia.

Como se ganó mi confianza:

Un día estábamos jugando y vino un demonio muy violento “XA”. El anillo se movía violentamente hacia todas las direcciones tratando de salirse del tablero. Le preguntábamos que quería y decía: “sangre, muerte”; lo exhortábamos a que se pose en la tecla que dice Adiós, pero no se quedaba en ella, entonces decidí invocar a Demían. ¿Cómo? Llamándolo por su nombre. Al invocarlo, cesó inmediatamente XA de molestarnos; después, sólo nos comunicábamos con él.

Como era él:

Era bromista, le gustaba drogarse, fornicar (decía que en el infierno lo hacían todos), adivinaba quién era el que llamaba cuando el teléfono sonaba, decía tener contacto con Jimi Hendrix, Jim Morrison, Olmedo y otros los cuales no recuerdo.

Tiempo después de estas experiencias mi amigo se abrió de esta doctrina demoníaca. Ya casi nadie quería jugar, entonces jugaba solo y ¡oh sorpresa!, solo en mi cuarto también funcionaba. Le empecé a pedir favores como de acostarme con quien me agradara o tuviera a mano, decía que sí, pero después nada sucedía; le pedía él numero de la quiniela, nada. Una vuelta le pedí con mucho anhelo que no me faltara el LSD nunca más y ¡oh sorpresa! nunca me faltaba.

Cuando jugaba con mis primos me di cuenta que podía formular preguntas con la mente y él me contestaba con el ouija, después me di cuenta que no necesitaba del ouija para comunicarme con él ya que me respondía directamente a la mente (con esa misma voz que quiere incitarte al mal).

Empecé a tener comunicación con él todo el día, hasta, ignorante, llegue a intentar vender mi alma por nada. Me empecé a drogar compulsivamente, andaba atormentado todo el día y realmente no sabia cuándo era yo el dueño de mis actos. Soñaba con voces diabólicas que me decían: “ya estás en el infierno”. En estos sueños yo quería morir y no podía. Empecé a notar que esto no era algo positivo, a pesar que mi mismo psicólogo en ese entonces me había aconsejado que jugara a ese juego. Aunque era difícil darse cuenta porque se disfrazaba de sugestión y ciertamente era uno mismo el que, bajo presión, decidía elegir lo malo; aunque a veces lo de elegir era discutible ya que como antes dije eran espíritus de engaño muy astutos que cuando te atormentan mucho cesan para distraerte y mientras tanto el método va avanzando desgastando tu voluntad y en base a esta pérdida, tu discernimiento, afectando sobre todo lo emotivo y lo mental. Entonces uno a veces era feliz sin nada porque gozarse y en la misma situación enojarse con espíritus violentos de ira que se disfrazaban de lógica.

drogadp-lsdComo me enamoré del LSD:

Aunque me gustaba viajar desde chico (15 o 16 años) y en las “fiestas” nunca me faltaba “pepa” después de ese pacto yo empecé a tener otro tipo de mambo al cual yo denominaba “el abismo” donde según yo contaba perdía mi contacto con él “yo” y tenia un grado de conciencia superior donde podía saber lo que iba a pasar unos segundos antes o “captar conocimientos del aire”(tipo don de ciencia satánico) de lo que yo llamaba “inconsciente colectivo”, como una especie de “moda de espíritus”. La primera vez que experimenté esto fue Navidad del 98´, entonces tuve mi primera experiencia fuerte con esta droga. Desde ahí me fascinaba y siempre que podía me drogaba y por ese pacto siempre podía.

Una noche estaba drogado y mi primo dijo “Jesucristo”. Entonces, tuve una arcada muy fuerte y eso que mi primo no es ningún ungido. Esto me asustó mucho, pero después como si nada… me olvidaba.

El segundo viaje fuerte que tuve fue Año Nuevo del 2000, que fue un año muy fuerte. Ese viaje es difícil de describir porque venía con muchas alucinaciones pero al otro día, me dejó una frase: “la historia es mucho más tranquila”. Obviamente era una mentira del diablo para seguir con su método de ministración.

Ese año fue de mucha droga, aunque conseguí trabajo pero no sirvió para nada ya que tuve el desprecio de una chica, y esto me hizo caer en un terrible pozo depresivo.

El día que ÉL vino a mi vida:

Una noche fui a comprar LSD a lo de unos amigos, sentía que me decía “ahora vas a ver”, yo había empezado a convivir advirtiendo muy de vez en cuando su influencia. Él había sembrado en mi vida mentiras como que si yo mataba a alguien me iba alimentar de su alma y demás cosas que no recuerdo bien pero que seguro tienen que ver con tres ítems: matar, robar y destruir; venía como adoctrinándome este espíritu, como lo hace el Espíritu Santo pero sin permiso. Compré “pepa” y fui para casa a drogarme. Me drogué y a las 2 horas, aproximadamente (en el momento en que se dispara el efecto más poderoso), me puse a mirar una película: “El día final” con Arnold Shwarseneger.

La película trata de una profecía que decía que pasados los mil años de encierro, satanás subiría a engendrar al anticristo, (según lo que discernimos los hermanos, satanás reina hasta que regrese Jesucristo y recién ahí se lo va a atar por mil años, luego se lo va a soltar un tiempo y después lo mandan al infierno donde arderá por los siglos de los siglos. Amén). El protagonista lo impedía mediante su fuerza y su renovada fe. Me rompió la cabeza y me fui a mi pieza a fumar un porro (ya que pasadas las 5 horas el efecto prácticamente se había ido). Y entonces, por primera vez en mi vida, recapacité el tema del infierno, pensaba: “yo no quiero ser de los malos, yo quiero ser de los buenos, no quiero ir al infierno”. Entonces empezó la prueba más difícil que tuve que pasar y que Dios me envió; el mismo “Ángel de luz” me decía ( no textualmente): “¿Cómo? Ahora vas a tener que mostrar fidelidad, quiero tu alma”. Yo desesperaba, quería acceder a lo que siempre había anhelado pero me retraía, no me decidía porque había aprendido de una manera o de otra cuán importante es mi alma. Entonces empezó a atacarme mentalmente con sus manipulaciones en las que yo siempre caía y que ahora que era el momento de concretar, misteriosamente no caía. Daba vueltas de un lado hacia el otro de la cama hasta que pude dormir.

Al otro día, me despertó Claudio (mi único amigo cristiano en aquella época). Me lo mandó el Señor; lehablar-de-la-biblia conté todo, le dije: “¿Cómo hago para no irme al infierno?” Y me dijo: “la única manera de que Dios te ayude es que aceptes a Cristo en tu corazón”. Accedí, el Señor me recibió por gracia y con los brazos abiertos. Yo hice entonces una promesa: “Señor voy a juntarte un ejército de hijos tuyos para combatir al mal en donde este more o predique” Amen. Sinceramente no pensé en lo difícil que podía resultar esta promesa. Claudio se fue, y yo quedé, pero igual el enemigo me atacó con fuerza. El primer día me tentó, el segundo me amenazó, y el tercero fue él más difícil: me profetizó con maldiciones de todo tipo. Me dijo: “no formarás familia ni conocerás mujer que te ame; ¿quién te pensás que te dio la música? Esa chiquita que tanto amaste es mía, te vas a quedar solo. Todos tus amigos te van a dejar” El diablo decía todo esto mostrándome que mi vida entera era suya. El Señor sabe que casi aflojo ya que me dio miedo pero en ese momento dije: “satanás, yo no sé si lo que me decís es verdad o se va a cumplir pero yo no me voy a ir al infierno”. Nunca más volvió para comprarme el alma.

Claudio me insistía que vaya a la Iglesia, yo estaba tan endemoniado que no podía, sentía que me ahogaba, el demonio tenía autoridad en mi vida. Yo necesitaba urgente liberación. Pero no se pudo concretar. Él quería traer a la congregación a cantar alabanzas a casa, pero mamá no lo permitió. Claudio me siguió visitando un tiempito más, pero después no vino más. Yo seguía soñando con los sueños demoníacos y tras toda esa fachada de sugestión me ministraba.

Conseguí trabajo de cadete, servía a satanás en mi corazón, aunque no me diera cuenta porque estar endemoniado es lo más confuso que hay. Me llevaba a la destrucción y yo accedía a esto en brutales ataques de ira, rompía todo lo que tenía a mano, llegué a pegarle a mi familia. Para colmo sucedían cosas extrañas en casa, el perro mordía, los gatos me veían y se asustaban, una vez mencione “demian” y se cayó una lámpara del techo y otra vez delante de mamá, mientras me asomaba por la ventana, se soltó la soga que sostenía la persiana cayendo a centímetros de mi cabeza con mucha violencia. Realmente este espíritu inmundo se manifestaba con poder.

Cambiando un demonio por otro:

tarotistaDecidí ir a una bruja que quedaba justo a la vuelta de donde yo trabajaba. Le pagaba para que lea mi futuro y mi situación actual, con respecto a los sueños y todo lo que había pasado. Me tiro las cartas, y salió que el demonio moraba en mi casa y que me iban a echar del trabajo, para solucionar esto me pasó un sistema idólatra de ritos donde: echaba azufre por todas las esquinas de casa, le prendía unas velas a San Jorge a Santa Bárbara y a San Cipriano y decía tres oraciones a ellos y después tres “padres nuestros”. Aparentó abandonarme el mismo día que empecé con estos ritos. Soñé que la vela largaba una llamarada y muchas voces infernales me insultaban. Dije: “gloria a la santería que me sacó esta porquería”. La bruja me pidió una cosa: “tirá el tablero en alguna esquina y no mires para atrás cuando lo hagas”, lo tire pero cuando estaba para doblar lo miré por última vez, igual que la esposa de Lot, no lo pude evitar.

Esto me vino bien. Yo seguía con mi estilo de vida, con la diferencia de que no tenía el tablero. Al final me echaron del trabajo. Me hundí en una profunda depresión. Andaba con todas las estampitas encima y seguía con los contactos mentales pero con la diferencia que entre mis pensamientos y sus mandatos no hallaba diferencia.

Me encontré con un amigo de la infancia, Vïctor, que es hermano en Cristo. Él trató de darme palabra y consiguió llevarme a la Iglesia. Fui tres o cuatro veces, pero, aunque Dios no me tocó, entendí lo qué era la fe “la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”. Desarrollé una fe irracional pero débil en cuanto a doctrina.

Yo había entendido desde el primer momento que acepté al Señor que Dios me había salvado, aunque no se veían los frutos. ¿Por qué? Una simple razón: esa voz había desaparecido. Yo no creía en la Biblia, en esa época creía que Dios era un conjunto de fuerzas que confluían en el centro del universo (bien new age). Con la diferencia que Jesús algo tenía que ver con eso porque Él me había salvado. Esa simple razón hizo que yo no lo niegue, nunca, hasta el día de hoy.

El diablo me confundía… adentro tenía la intención de hacer una especie de secta, que mezclara un poco del cristianismo, LSD y orgías, aunque yo no creaba esto sino el espíritu inmundo que me venía ministrando. El LSD no me faltaba nunca gracias a un pacto echo anteriormente. Un amigo muy querido tuvo un brote sicótico en uno de nuestros viajes de ácido, yo traté de predicarle porque lo cierto es que desde que había aceptado a Cristo no tenía malos viajes, porque el demonio no me molestaba tanto, total estaba haciendo la voluntad de él. Pero ese chico no entendió la palabra y hasta el día de hoy a nadie ve a los ojos de frente pues un demonio mora con el y le atormenta con paranoia y fobia.

El declive:

Empecé en el Colegio San Cosme, opté por la psiquiatría como una salida fácil y dije: “gloria a laspsiquiatria pastillas que curan ansiedades, depresiones, y psicopatías” estas me empezaron a afectar mal, hasta el punto de doblegar mi voluntad a niveles altísimos de dependencia física y psíquica. Para colmo me empecé a drogar con toluenicos y también los mezclaba con LSD. Dejé el colegio y gracias a un amigo me tuvieron en cuenta muchísimo tiempo más del que deberían. Cuando ocurrió lo de las torres gemelas me agarró una mentira del enemigo “el Apocalipsis viene, la vida no tiene sentido la ira de Dios es contra ti”. Ahí empezó la carrera auto-destructiva total de mi vida. Llegué a drogarme con gas en el aula. Los efectos de esta droga en sí generaban un pequeño trip, con alucinaciones poderosísimas. Llegué a sentir cómo mi alma entraba en un huevo y después nacía un pájaro que era yo. Buscaba la muerte y no la hallaba. Una vez había escuchado que la muerte afinaba los bigotes de la persona que mataba, yo me estaba drogando con gas y vi como mi bigote izquierdo se respingaba y luego el derecho. Entonces, me agarré el cuello pensando que me moría. Otra vez realmente me morí, estaba en una plaza y sentí que no respiraba más. Pude ver cómo un ser andrógino, con cara de niña me sacaba el tubo de la boca y después me miraba con amor y desaparecía. Yo lo identifique con un ángel del Señor.

Siempre me hacían bromas “los duendes” (espíritus inmundos) me hacían meterme en enormes telas de araña o cambiaban mi aspecto físico a un ser gordo con pelos largos como de 3 metros en forma de pelos rastafaris, pero recuerdo una vez en especial…

Una vez estaba en City Bell y fui a buscar floripondio (una suerte de flor alucinógena que se prepara en infusión) y mientras paseaba por el campo buscando un árbol (lugar donde ellos moraban) encontré uno que me gusto y me acosté reposando mi cabeza en sus raíces, con la bolsa de flores como almohada, y me puse a inhalar desodorante de ambientes. En un momento siento un vocecita que me dice: “¿Vos querés joder conmigo?” y de repente, mágicamente estaba ahogándome con una maderita en mi garganta, un segundo después sentí la voz: “Busca en la bolsa” y encontré la misma maderita con la que me había estado ahogando. En otra ocasión hasta llegué a escuchar los gritos infernales desde adentro de los tubos, satanás se relamía.

Una noche hubo una pelea con unos skin heads, que son una suerte de juventud neo-nazi pseudo punk militante, en esa pelea le habían pegado a mi primo un piedrazo que lo hizo perder el conocimiento. Yo lo vi caer al piso con los ojos abiertos y lo entendí muerto. Fui a buscar a la policía y cuando volví quedaba uno de los nazis y lo golpeé no a un nivel de querer matarlo pero me alimenté asquerosamente de su miedo (costumbre muy común en el viejo Juan).

Yo desde chico siempre tuve un carisma muy particular de liderazgo que era una cosa que a satanás le encantaba usar. Tenia a veces una especie de unción diabólica. Yo dije: “Son el ejército del anticristo, si los matamos le hacemos un favor a Dios” y empezaron a aparecer revólveres, cuchillos. Gas Mace, autos, ex presidiarios, en fin, satanás se gozaba. Fue en ese momento que entendí que Jesús no era homicida y aunque yo estaba re-endemoniado, Dios no permitió que esto pase. Esta situación me dejó una enseñanza fuerte para el futuro. Mas prefiere la gente escuchar “Vamos a matar a alguien” que “vamos a ayudar a alguien”. Después de esta situación violenta, me internaron.

Primera internación:

En la comunidad terapéutica me contuvieron bastante, el día que llegué en mi primera entrevista dije: “Nada de satanismo, ni skin heads, ni injusticias”. Ellos me aseguraron que no iba a sufrir nada de ese tipo.

Yo estudiaba metafísica, (mezcla de cientificismo, de idolatría, más el poder de la mente, más mezclas totales de doctrinas de culturas diferentes) Entre los internados, había dos mujeres, XX, y la otra era una señora adicta a las anfetaminas de nombre YY. Yo siempre tuve desde chico mucha sensibilidad y notaba como XX aparentaba estar bien pero estaba mal. Un día me puse a mirar el techo de su pieza y tuve una visión: en el calor de la chimenea se dibujaba la figura de un negro que bailaba tipo murga (o sea vudú) arriba del techo, pero su imagen carecía de colores, solo eran formas, imagínese como el hombre invisible o algo así.

Al otro día hablábamos y me contó que siempre que ella le prendía una vela a la hermana esta se le apagaba también me contó que de chicas jugaban al ouija y se conectaron con un demonio que era uno de muerte (lo digo desde mi experiencia personal), en un accidente acabó con la vida de las dos matando a una y dejando desconsolada a la otra (XX). El espíritu inmundo en esa época me hacia creer que yo era médium y que sentía empatía con la hermana, la cual parecía estar encadenada a este espíritu inmundo. Le dije equivocadamente si quería que la comunicase yo con ella a lo cual ella luego de pensarlo me contestó que prefería no hacerlo (gracias a Dios).

Estábamos en la terraza en ese momento y ella se fue al cuarto, yo me quedé con la otra señora (YY) la cual leía pacíficamente, yo hice una oración, dije “Señor que el espíritu inmundo que ella posee se venga en mi contra porque soy yo el que lo debe combatir y no ella Amén”. Al segundo, escuché un gruñido que provenía de YY, la miro y ya no eran sus ojos sino los de un lobo rabioso, volvió a gruñir, a lo cual respondí parándome de manos (esta actitud ignorante se debe a que yo de echar fuera demonios no sabia nada). Esto dio más fuerza al demonio que se abalanzó sobre mí pegándome y pegándome con fuerza brutal (no de señora), me decía: “las voy a destruir” hasta que mágicamente me tomó el Espíritu Santo de Dios y empecé a orar, no recuerdo bien qué dije pero después de un breve lapso se vio que un vestigio de humanidad resplandecía en su rostro le dije: “YY, abrázame” Accedió y entonces abrazada a mí empezó a gruñir, la senté en una silla y continué orando pero yo metía falsa doctrina en el medio y el demonio sé hacia el que le dolía le llegue a dar una cruz y ella se la quería clavar. Dije: “voy a repetir el nombre de Dios siete veces y solo su nombre asusta a los demonios”. Yahvé dije siete veces y amainó. Dije: “Te ato y te reprendo espíritu inmundo en el nombre de Jesús y te lanzo al abismo, le pido al Señor que envié a Miguel Arcángel para que no deje que vuelva”. Aparentó dejar el cuerpo de YY.

XX vio y escuchó todo ya que ella había vuelto de su cuarto al oír los gritos, desde abajo se escuchaba todo. Grité: “otra victoria para el Señor”. Al otro día, me pedían que imponga manos. Yo me lo creí, el plan de satanás había funcionado, me creía no se que cosa, como si fuera alguien poderoso. Me empezaron a dar antisicóticos, los cuales cercenaron mi sensibilidad y mi fe. Yo antes de internarme entre las cosas que había pedido, una fue: “nada de satanismo” cuando paso esto, dije: “mama, sácame de acá” y me fui gracias a Dios (al tiempito me enteré que el demonio atacó de nuevo cuando las chicas se quisieron suicidar dándose cuchillazos entre ellas porque no podían auto flagelarse, lo cual, según me enteré, fue un baño de sangre. Y no es sorpresa por lo que dice la palabra (Mateo 12;42 al 45).

cocainaLa Cocaína:

Seguí en tribulación, sin fe y si no tomaba merca no podía ni hablar con mis amigos, me hice muy adicto a esa porquería, me hice amigo de un vendedor de droga, muchas veces me toco lidiar con situaciones horribles, debiendo estar medio de la relación de él y su novia mucho tiempo, haciendo de mediador. Siempre tomábamos él me fiaba merca, era para mi proveedor y gracias a mi cuenta corriente siempre me vei en obligación de comprar, luego mangueaba plata por la calle o hacia rejuntes de amigos para poder levantar algo para mi.

Su novia era bruja y me quería enseñar brujería porque decía que yo tenia la mística; una vez estábamos en su departamento e hicimos una sahumereada con azufre por todo el contorno de la casa, ya estaba empezando a iniciarme en eso.

Tomábamos siempre y a veces me quedaba a dormir con la intención de consolarlo y él me invitaba a tomar toda la noche. Un día este amigo y su esposa se pelearon mal, yo era amigo de los dos. Entonces, junto con mi amigo decidimos ir a un pai umbanda, yo era muy de ir a las brujas ya que eran las únicas que me hablaban de lo espiritual y encima quería aprender de la brujería en cuanto pudiera entonces interesado y movido por la curiosidad, decidí ir. Cuando llegamos el tipo me preguntó que era yo y le dije cristiano, él me dijo: “Nosotros también lo somos” yo no entendía nada y pensé que si. El tipo comenzó con una tirada de cartas, y empezó a saber detalles íntimos de ella y de el entonces en un momento el tipo con otro ente adentro dijo con cara de otro espíritu: “Yo puedo hacer que tu novia vuelva mansita como un cordero” mi amigo me miró y yo confundido asentí con la cabeza. Todavía están juntos hasta hoy, y ella mansita… “enamorada”.

A raíz de mi adicción a la cocaína pase un año muy deprimido; oraba como conmigo mismo y no pasaba nada, leía la Biblia y no la entendía…

Cuando vino la época del mundial Japón 2002 yo pensaba que íbamos a salir campeones y todo en mi vida iba a mejorar pero el declive era cada vez más raudo.

El partido en el que nos descalifican me mamé y me drogué como loco y llegué a jugar al ouija con un amigo, el demonio se hizo pasar por el abuelo de mi amigo y dijo que nos iban a descalificar, así fue y caí en una depresión muy profunda lloraba y lloraba por ende me tuvieron que internar.

Segunda internación:

En mi segunda internación me llegaron a dar 14 pastillas por día; primero me internaron en una clínica que era de la obra social ahí entendí lo patético que era eso, recuerdo una escena en donde todos los locos cantaban una canción de Diego Torres “Color Esperanza” yo después de esa escena felinesca decidí que debía irme de allá.

Entonces me llevaron a otro clínica privada pero era un poquito mejor pero horrible, te trataban como a un número; siempre había acelga para comer y la gente estaba re-mal. Yo dormía con un esquizofrénico que siempre se levantaba gritando como si se estuviera quemando, un viejo peronista que se meaba, y un bigotudo que era paranoico y sospechosamente callado. Llegué a tomar de rehén a una chica previo arreglo con ella para poder salir y realmente no pude romper el vidrio porque era re-grueso. Ese día me dieron una droga que fue fuertísima que me dejó sin nada en la cabeza y con el chorro de baba constante que me duró como dos días; parecía Jack Nicolson en “atrapado sin salida” pero peor. De mis amigos, no vino nadie y de mi familia pocos, y mamá, ella siempre estuvo ahí, inclusive mis amigos cristianos no venían, pero mi amigo Pablo que es ateo siempre vino, nunca alejó su rostro de mí y me trataba como siempre, hasta llegó a venir con su novia con un final terrible ya que decidí que como él es grandote me podía ayudar a salir de allí y la novia: “otro rehén”, gracias a Dios este plan terminó antes de empezar.

Tocando Fondo:

Fue entonces cuando conseguí un vidrio y decidí matarme, no podía vivir más; era muy duro estarsuicidio encerrado en esas condiciones, había perdido toda esperanza de ser feliz en mi vida, él diagnostico del psiquiatra: “Personalidad dual” lo que la psiquiatría de antes llamaba “maniaco depresivo”; irrecuperable, drogado toda mi vida de clínica en clínica, sufriendo en vida, todos los muchachotes desaparecieron y ya no creía que Dios me pudiera ayudar, el diablo se relamía. A Dios le dije: “si es verdad que estás en mi corazón ves mi sufrimiento” pero casi a punto de hacerlo me arrepentí ya que no podía quedar como un valiente y siempre quise conservar a mi manera lo poco que me quedaba de dignidad, tanta gente se mostró incondicional y le dije al Señor: “No me puedo matar, si querés podes sanarme”. Cuando salí de la Clínica, el camino sólo era hacia arriba (que es lo bueno de tocar fondo).

Empecé a dejar las pastillas de a una. Costó mucho. El Señor estaba ahí pero yo me sentía abandonado porque no tenía más fe de que Él me ayudara. El primero de enero, dejé el antisicótico y empecé a adelgazar ya que había engordado y pesaba 110 kilos. Él estaba ahí, aunque yo no me daba cuenta fiel, siempre fiel, incondicional, amándome como desde chico cuando era inocente. Nunca puso su rostro contra mí…

Esto se asemeja a la realidad pero no es textual ya que en esos años de mi vida perdí conciencia y noción del tiempo. Aunque es veras los cambios que se pueden dar son de aspecto cronológico.

Un día fui a un recital cristiano y me encontré con un viejo amigo y hermano que Dios me envió para que él y yo aprendiéramos juntos. Empecé a recuperar fe y él me predicó me mostró todos los versículos de la Biblia que habían con respecto a la idolatría y Dios me convenció de pecado “tírame estas estampitas y no me digas a donde las tiras porque capaz que las voy a buscar” a las dos semanas estaba yendo a la Iglesia y pude decir: “es hora de darle gracias a Dios” y fui a la casa del Señor.

El día que me reconcilié con Dios:

la-luz-de-jesusLlegué a la Iglesia y vi todo blanco, radiante. Carteles que dicen: “La Sangre de Jesucristo su hijo nos limpia de todo pecado” “llenaré de gloria esta casa” “sed santos porque yo soy santo” “He aquí Él, viene con las nubes”. Cerré mis ojos y empecé a alabar a Dios y entonces, por primera vez, pude identificar lo que se siente el toque de Dios: esas lenguas de fuego que te abrazan, esa paz que sobrepasa todo entendimiento, ese amor incondicional, esa emoción sobrenatural que solo en comunión con Él se puede sentir, esa presencia sobrenatural, esa “Shekina” preciosa del “Shaddai” y pude decir lleno del gozo que provoca el Espíritu Santo de Dios: “Aleluya, Gloria a Dios, el Señor es mi pastor, mi roca, nada me faltara, no tropezare jamás…”

Pero fue el principio de la historia, Él empezó el proceso de liberación en mi vida. Todavía me drogaba con ácido, pero eventualmente. Fumaba porro todo el día, tomaba antidepresivos, a veces cocaína. A pesar de eso Dios nunca puso su rostro contra mí…

Puedo decir que en mi vida se hizo rhema de que: “aunque seas infiel, Él permanece fiel, no se puede negar a sí mismo”. Y aunque anduve en valle de sombra de muerte, Él siempre estuvo ahí, incondicional, amándome y nunca puso su rostro contra mí…

El primer día que estuve en la Iglesia vi una sombra que se paseaba de un lado al otro crujiendo los dientes contra mí y sé que era el Diablo que estaba envenenadísimo.

Pude sentir e identificar por primera vez en mi vida la voz audible del Señor que me dijo: “Clama a mí y yo te responderé y te haré conocer cosas ocultas que tu no conoces” Jeremías 33:3. Profetizando todo lo que me iba a revelar. Yo creía más en mis experiencias que en la Biblia y no consideraba que fuera la perfecta palabra de Dios. Aun en mi incredulidad El Señor no puso su rostro contra mí…

Hice una entrevista con el Pastor y me dijo: “te tenés que hacer liberación”, accedí a regañadientes, (el demonio siempre te va a engañar, haciéndote sabio en tu propia opinión).

El día de la liberación le pedí palabra a Dios y me dijo: “Cuando un espíritu sale, anda por lugares secos buscando reposo y no lo halla, entonces dice: -volveré a mi casa de donde salí. Y la encuentra limpia y adornada entonces llama consigo a otros siete peores que él y el Postrero estado de este viene a ser peor que el primero”. Entendí que era serio, le pedí al Señor no incorporar espíritus muy violentos porque tenia miedo de esa situación.

Cuando fui me hicieron liberación y no sentí nada pero fue fuerte, dicen que largué olor a muerto; fue terrible, sentía que se escondían dentro de mí y se disfrazaban de otra cosa. Pero después de eso entendía la Biblia y disfrutaba la palabra. Y aunque en mi corazón no había renunciado a todo El Señor no puso su rostro contra mí…

En un principio no entendía la palabra lo único que entendía era como Dios me amaba incondicionalmente y me lo hacia sentir con su presencia, Dios me llenaba en la alabanza y después yo me aburría en la palabra pero poco a poco Dios me fue revelando.

El día de mi cumpleaños deje la cocaína aunque volví a tomar otra vez a la semana de esta fecha, me di cuenta por revelación y confirmación que no me edificaba solo era un Devorador que venia con ideas de muerte, siempre supe que era muerte por mi experiencia personal. Y a pesar de mi desobediencia El Señor no puso su rostro contra mí…

Tenia miedo que un varón venga a matarme por un problema que habíamos tenido y decidí andar siempre con un caño pesado tipo garrote. Lo veía en todos lados, en mi corazón mataba o moría. Aunque mi corazón era homicida El Señor no puso su rostro contra mí…

El día que comprendí su sacrificio:

Yo desde adolescente siempre fui músico, y había empezado a formar una banda y todo, luego de la crisis la perdí, pero al recuperarme todos los que me habían abandonado empezaron a volver hasta el punto de grabar cosas nuevamente. Uno de esos días estaba con mi amigo ateo, (el único que siempre estuvo ahí, cuando tuve hambre me dio de comer, cuando tuve sed me dio de beber, cuando tuve frió me dio abrigo y cuando estuve preso el vino incondicional, casi como el Señor, vos Pablo, mi muy amado) mientras fumábamos un porrito le estaba mostrando un tema que era un porteñazo con ínfulas Piazzolezcas, era un tema que le di al Señor y de repente entendí: “Él murió por mí, fue crucificado, torturado, lo dimos por derrotado por amor, a mí que nada soy, toda la humanidad no merecía ese sacrificio y él lo hizo por amor; y yo no soy capaz de entregarle nada pero el igual no pone su rostro contra mí, sino, por el contrario, me ama incondicionalmente. Y si a mí me pidiera el Padre que vaya al madero yo huiría y pediría misericordia” y lloré, lloré como nunca desde la muerte de papá, mi amigo no entendía, me abrazó pero yo le expliqué porque lloraba y no podía parar así que él me quería consolar, yo le dije: “Pablo, yo tengo alguien que me consuela y es mi madre y mi padre…” él, al ratito me dijo algo que quedó para la historia: “Estas iluminado” lo cual para un ateo significa muchas cosas.

En fin, desde ese día estaba más enamorado de Dios todavía, sentía su dolor, sentía empatía por él, no podía comprender tanto amor por mí. Aunque todavía faltaba, El Señor no puso su rostro contra mí…

Empecé a leer la palabra con hambre, un día leí hebreos (el libro que me faltaba del N.T.) y sentí que Dios me había clavado una espada en el pecho; volví a hacer la oración de Fe, dije: “esto no me va a alejar de Dios”. Aunque le temí y me quise esconder de el a causa de mi pecado. El Señor no puso su Rostro contra mi…

Un día estaba con mucha lucha, un pie adentro y otro afuera porque no podía decidirme en seguirlo totalmente, pero lo amaba como para no alejarme de su presencia, Dios mando a un “ángel” de nombre Nicolás, un hermano que es mi amigo hasta hoy y que había tenido el mismo problema que yo. No entendía cómo era yo salvo siendo pecador asiduo, y él me contó la anécdota del ladrón misericordioso (Lucas: 23; 39 al 43). Ahí yo sentí realmente porque Dios me salvó, porque fue su voluntad que así sea. A pesar de mi falta de conocimiento El Señor no puso su rostro contra mi…

Un día encontré un tubo de “angispray” que es una suerte de toluénico con éter, tuve la intención de jalármelo, cuando lo iba a llevar a mi boca sentí una fuerza espiritual adentro mío que decía: “¡NOOOO!” y lo pude arrojar a la basura. Por primera vez sentía un instinto de preservar mi espíritu, eso me sorprendió. A pesar de mi impiedad, El Señor no puso su rostro contra mi…

Buscaba de Dios en los cultos y siempre me arrepentía de las mismas cosas, luego volvía al mundo, a todo el mundo le decía de dónde Dios me había sacado sin mencionar de donde me iba a sacar, porque había dejado: las pastillas, el tolueno, el cigarrillo, la cocaína, la idolatría; pero me faltaba dejar el faso y el LSD que eventualmente consumía. Aunque era rebelde El Señor no puso su rostro contra mí…

El día que tomé la Cena del Señor:

Me enteré que se podía tomar La Cena del Señor sin ser bautizado entonces fui ese día y le dije a mi Señor: “Si querés que vaya, despertáme temprano”. A las 8:00 estaba arriba, fui a tomar por primera vez La Cena, estaba muy compenetrado pensando en el sacrificio que el Señor había hecho por mí y en un momento el Pastor dijo: “pónganse a cuenta con el Señor”. Y yo le dije al Señor lo que siempre le decía todas las mañanas: “perdón porque soy débil, cobarde y amo las cosas del mundo”. Sentí su indescriptible abrazo y lloraba conmovido por su misericordia, Dios me limpió con su Sangre. Y aunque era del mundo, El Señor no puso su rostro contra mí…

Mi paso por las aguas:

Esto me instó a bautizarme. Ese día llame a Claudio, que está apartado pero sé que va a volver y le dije que al otro día a la mañana me bautizaba, él me dijo que no quería venir pero a la noche vino a casa y me dijo: “Dios me trajo a patadas” ese día disfruté de mi amigo y a la mañana me acompaño a bautizarme y sé que Dios lo quebrantó aunque todavía no es el tiempo. Yo estaba muy nervioso, tenía una guerra espiritual en mi mente y no sabia para dónde ir, si para un lado o para el otro; Mientras esperaba que el Pastor termine de hablar, vi en visión cómo el Señor me sacaba una pesada cadena negra del cuello y yo agarraba la cadena y me la ponía nuevamente pero ahora era blanca. Esa cadena eran las drogas y yo por una mezcla de sentimientos en mi corazón no podía despojarme de mi pasado tan desprendidamente. El no puso su rostro contra mí…

En todas las Fiestas yo tomaba LSD, pero esa Navidad dispuse en mi corazón no hacerlo, pero Año Nuevo sí. Navidad la pasé bien, pero año nuevo fue para mí una carga, mi espíritu no quería drogarse y mi alma estaba entre que si y que no, entonces lo hice y adentro no me sentí feliz sino todo lo contrario, triste, muy triste, muerto por dentro, le pedí perdón a Dios. El no puso su rostro contra mí…

Nicolás me instaba a ir al encuentro. Yo decidí ir porque veía que del pecado me podía alejar pero de Dios no me podía alejar.

Como deje el LSD:

Me encantaba siempre experimentar con drogas alucinógenas y el LSD era mi preferida hasta cuando yo ya congregaba a veces si podía me tomaba uno y la pasaba bien pero un día, después de mucho tiempo, me llegó una y me tenté, entonces, como no podía decir que esta droga me haya arruinado la vida y no podía emitir mal juicio contra ella, decidí decirle a Dios: “Señor, yo sé que si no me convenzo que es podrido no voy a poder decir que es malo y siempre voy a tener un lugar en mi corazón para ello te pido perdón por ser tan necio y te pido que en ningún momento me abandones”… y me la tomé una entera por el ojo. Espere tranquilo pero amargado como quien peca pero no quiere y a su vez no puede reprimirse; el trip fue corto, Dios siempre estuvo allí y no me abandonaba, sentía mi costado derecho crudo, como muerto y entonces me saqué el cartón del ojo y me lo tragué esto fue peor, al rato estuve todo crudo, muerto y lo peor vacío como si no tuviera nada adentro, como si no sintiera el reflejo de mi alma. Es difícil describir lo que se siente, una muerte espiritual como si uno fuese una cáscara que adentro está todo podrido y el Señor me decía: “¿qué comunión tiene la luz con las tinieblas?” Algo atormentado me fui a bañar porque me sentía inmundo y el baño es algo bastante espiritual en mi vida, no podía ni hablar con Dios y sentía que el agua no podía limpiarme; lo peor era que sabia que iba a ser malo esto pero lamentablemente se hizo rhema esta palabra “siendo necios se hicieron sabios en su propia opinión” y pensé: “Dios me hizo un túmulo de sabiduría y yo qué hago con eso, solo necedades, eso hago.”

Me vestí y me fui de casa porque los atormentadores la habían llenado de inmundicia. Salí rápido; buscando que Dios me mande a alguien que me ministre porque tenía miedo y no podía ni hablar con Dios tanto pecado me había alejado a mí de Él, pero el no me soltó “El no se puede negar a sí mismo” yo no sabia qué podía hacer y Dios me dijo: “Ya sabes lo que tenés que hacer lo que hiciste con todos tus pecados” y entonces dije: “perdón señor he pecado contra ti y contra el cielo es que el new age, las drogas alucinógenas y el hipismo me han engañado” a las dos cuadras Dios me había quitado todo el efecto y le dije “mira Señor ya estoy careta(osea sobrio)” y estuve un rato largo muy mal conmigo y hasta me venían ideas (para el que entienda, que no eran mías) de tirarme a las vías, dije “Señor, nunca estuve tan arrepentido de un pecado como de este que he cometido, sé que vos con tu palabra me habías revelado la verdad y en mi corazón yo lo sabia pero creí en mi propia opinión, gracias señor porque se hace rhema lo que dice tu palabra Grande es tu misericordia” y fui hacia la casa de Claudio que está apartado.

Se hizo rhema también cuando llegué, le dije al Hermano después de tanto decirle tantas veces lo contrario: “Hermano, probé la pepa otra vez; sabés que siempre me pareció un camino, es mentira es muerte y muerte en abundancia”. El Señor no puso su rostro contra mí…

Ese día fui al encuentro, me practicaron liberación este hermano Nicolás me estuvo echando fuera los diablos que tenia adentro, me habrán salido como más de cien por eructos y bostezos. Fue realmente reparante y sentí una gran liberación pero no había sido la definitiva.

Cómo sano la herida del fallecimiento de mi Padre:

Yo fui herido en gran manera a los 12 años cuando me informaron que mi padre había muerto y a los 23 años todavía era una herida que me hacia pecar de desamor con el Señor.

Un día en el culto yo me acordé de eso y lloré desconsolado y le dije que me tenia que sanar porque me era por carga insoportable, Él ese día habló a mi corazón, me dijo: “Yo estuve ahí el día malo”. Esto no me consolaba sino por el contrario me resentía hacia él, encima mi padre era hasta donde yo supe gentil.

En un encuentro cristiano me practicaron sanidad espiritual, en esa predica la palabra decía “en que momento a uno se le cayó el hacha al río y ya no quiso hachar mas” en alusión a un hecho de Eliseo, yo lloraba desconsolado y decía: “¿cómo vas a sanar dolor tan grande?” y sufría pensando que me iba a ser por carga de por vida, en una de las charlas Nicolás que ministraba me dijo: “Cuando seas sanado, te vas a testear la herida y no te va a doler ya” Yo realmente en ese momento no creía que me fuera a sanar, después de tres días de encuentro y sanación volví a casa y todavía me dolía, mi falta de Fe pecaba contra mí y yo no podía tragar ese momento.

Al otro día en el trabajo, en un momento de tranquilidad, me testeé la herida dándome golpes bajos, apuntando a esos recuerdos felices que siempre me hacían quebrantar y, milagrosamente, en vez de dolor yo sentía la presencia de Dios consolándome en cada momento. “Yo estuve ahí el día malo” me dijo el Señor y cada vez que me acuerdo en vez de triste soy feliz porque Él estuvo ahí, sanándome, el día malo. Aunque tuve falta de fe El Señor no puso su rostro contra mí…

Gracias a su amor, yo decidí descansar y relajarme en la sombra de sus alas. Un día estaba en el culto cantando una canción que habla del día que Él vino a nuestras vidas y vi en visión que él había venido ese día límite del 2000 en donde yo sufría desesperado sabiendo que me iba al infierno y Claudio le predicó a la persona con más necesidad de Dios en el mundo. Yo lloré como un niño y supe cuán grande es su misericordia e incluso desde esa época el jamás puso su rostro contra mí…

presencia-de-DiosEl día que más sentí la presencia de Dios:

Una vez me invitaron a una fiesta, yo siempre me embriagaba en las fiestas y después del culto fui para allá, le pedí al Señor de no emborracharme, que quería ganar un alma, no vino. Lamentablemente fueron sólo palabras, cuando llegué a la fiesta lo segundo que hice después de saludar fue tomar cerveza, a lo cual di mal testimonio, hablando carnalidades y portándome en forma inadecuada, lamentable. El Señor no puso su rostro contra mí…

Al otro día había Cena del Señor y yo decidí ir igual esté como esté. Sentía un arrepentimiento tal que no podía descansar de la opresión que sentía, llegué al culto y lloraba como un niño y él me abrazaba como si nunca hubiera hecho nada, yo pedía que me parta con un rayo y él me consolaba como a un niño. Después de eso solo entendía que era él mi único amor y era mi todo no podía vivir sin él y sentí el arrepentimiento más grande de mi vida.

“El que no naciere de nuevo no verá el reino de Dios”:

Yo predicaba desde hacía tiempo siempre que era dado por el Padre ya que le pedía que me use pero desde el encuentro sentía ese llamado al servicio completo a Dios pero todavía fumaba.

Empecé a buscar más de Dios. En abril tuve una revelación poderosa de Dios. Un año atrás vino un siervo de Dios, cuando profetizaba, dijo: “En abril dice el Señor: yo saldré en tu defensa” ese día sentí un fuego tremendo de Dios. Había creído esa palabra, pero nunca pensé que hablaba de mi, sino que creí que se refería a la Iglesia. La última semana de marzo el Señor habló a mi corazón y me dijo: “Colócate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus píes, no seré conmovido”. Ese día por primera vez mi madre había venido al culto a conocer.

Ese abril fue el abril de la victoria, Dios me mostró su poder, contestó oraciones mías y de gente que había orado por mí, y me llenó de su espíritu para ser yo para siempre, a pesar de mi, una nueva creación.

En la primera semana vino mi amigo Claudio al culto, tanto que yo había orado por él y aunque no perseveró Dios hasta el día de hoy le sigue llamando para que regrese.

En Semana Santa vino Sebastián y luego de que fumamos se quebrantó y dijo: “Yo quiero conocer al Señor” al otro día vino a la iglesia a buscar el maravilloso regalo de la salvación.

Uno de mis amigos del mundo que yo le había predicado se había apartado de mí por que le molestaba mi nueva forma de ser. Mi hermano por una cuestión de refacciones en la casa había venido a dormir conmigo. Esa noche vino a las 3:30 de la mañana del miércoles de la semana pasada, borracho drogado y atormentado por un Espíritu que quería llevarlo a la locura, él me dijo que un demonio se le apareció en la ducha y le dijo que ellos iban a reclutar gente y que iban a ganar. Cuando hablaba con él podía sentir un frió de muerte, pero no hacia frío, y yo no paraba de temblar, pero no tenía miedo, yo empecé a ministrarle, y a hablar con la palabra de Dios para que los diablos se sujetaran a esta, fue en ese momento que salió corriendo entonces clave rodilla y empecé a interceder por el. Mi hermano que había visto todo salió corriendo tras él. Luego de orar tras él fui yo, y cuando llegue encontré a mi hermano ateo marxista diciéndole a mi amigo: “Patiño el diablo es mentiroso”, ese día se hizo rhema que las piedras también predican, luego de tranquilizarse se fue para su casa, dijo que el sábado iba a venir al culto.

Un día después de mi cumpleaños el Pastor declaró cielos abiertos y fue ese día el día que el Señor eligió para bautizarme en el Espíritu Santo. Ese día me fumé un faso y me tiré a en la cama, antes de dormir ore al Señor y le pedí por mi hermano y que me perdone por mis pecados por ser tan melancólico.

Ese día me desperté y como siempre me fui a bañar antes de ir a trabajar, mientras me lavaba la cabeza pensaba: “bueno me voy a armar un fasito para ir al trabajo tranquilo” cuando me di cuenta que no era yo; tenía una espada en el pecho y veía en visión el cajón con la drogas, pensaba: “¿Voy a tirar las drogas?” Me parecía una locura, estaba por desarraigar en mi vida un habito de mas de diez años. Fui a buscar las drogas a mi cajón sin decir nada y las lleve al baño, sin pensarlo mucho las tire; y las veía flotar en el inodoro, en ese momento pensé: “¿Quiero tirar el faso?” y me auto conteste: Sí. En ese momento salí de mi casa y le dije a mi madre: “ma, barre esto” y tire todo el contenido de mi cajón con los utensilios necesarios para drogarse y le dije: “Cuando era niño pensaba como niño y actuaba como niño, ahora soy un hombre y ya no pienso como niño” mi viejita lagrimeaba. Yo ya no podía pecar más, era un fuego total.

Al otro día me levante a la madrugada con un malestar tremendo, entuve eructando una hora y media seguida. Esa fue la ultima liberación, cuando el Señor echó a los mercaderes del Templo.

Dios me mostró en esa semana tantas cosas que ya no las puedo recordar, se hizo rhema “Seránrhema enseñados por Dios” y Dios me decía: “de cierto te digo que en tres días reconstruyo el templo de nuevo”, a los tres días era una llama viva.

Hasta mi hermano ateo acérrimo empezaba a leer la palabra, fue por un tiempo luego se le paso, pero se en el Señor que el será mi hermano no solo en la carne.

Dios había cambiado mi vida, ya no era yo sino que Cristo en mi.

Ese fin de semana me corté el pelo y fui a la Iglesia bien vestido, como Dios manda, y cuando hicieron el llamado evangelístico, mientras todos hacían la oración de fe yo la hice también sintiendo y sabiendo que se había al fin hecho rhema en mi vida. Pedí servir en la iglesia de servidor, mi pedido fue aceptado, la gente que tenia ojos espirituales vio ese poderoso cambio en mi, esa autoridad nueva que ahora gobernaba mi vida; los que no tenían ojos espirituales también vieron ese cambio lógicamente desde el aspecto, lógico, desde los pelos largos las sandalias y los bermudas al traje y corbata, hubo un poderoso cambio. El domingo fui a la Iglesia y vi en visión al viejo hombre que era: piadoso pero débil cómo este hombre de Dios que soy lo llevaba al madero, y el tipo iba feliz porque el tipo amaba a Jesús, lo que pasa es que le daba miedo morirse y eso le aterraba, pero era un valiente por que el entendió cuan necesario es morir.

Hoy estoy en Santidad, como dice la palabra que no fue con mis fuerzas sino con las de Él, hoy no vivo más yo sino que Cristo vive en mi, todos los días de mi vida hasta el fin del mundo. Ya no temo por mis cosas porque si yo me ocupo de las suyas Él se ocupara de las mías y aunque no soy perfecto no soy condescendiente con el pecado. Esta historia es verídica y como decía anteriormente a pesar de mis iniquidades que nunca le fueron ocultas El nunca puso su rostro contra mí…

“Si creyeres veras la gloria de Dios”
El Señor es el único que puede salvar un alma, ninguna religión es buena, la palabra dice: “Nadie viene al Padre si no es por mí” Él es invisible, pero adentro le vemos y nos ve, no dejes que el diablo te engañe con sus mentiras. Dice la palabra:

“Porque primeramente les he enseñado lo que así mismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucito al tercer día, conforma a las escrituras.” (1 Cor.15:3,4)

Todos necesitamos de su Sangre para entra al santo lugar y habitar con Él para siempre no es por nuestra humana piedad: “Porque por gracia sois salvo por medio de la fe; y esto no es de vosotros, pues es don de Dios. No por obras, para que nadie se gloríe” (Efe 2:8,9)

La salvación es muy sencilla, dice la Biblia: “Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levanto de los muertos, serás salvo.” (Rom. 10: 9).

La palabra de Dios no se vuelve atrás. Él no es hombre para arrepentirse, y es para siempre “El cielo y la tierra pasaran pero mis palabras no pasaran”(Luc. 21:33). No es posible ganarse la vida eterna, esta es un regalo que Dios le quiere hacer a Ud. (Rom. 6:23), esto es el Evangelio y no hay otro simplemente es leer o escuchar con fe la palabra de Dios. Ahora ud. puede decidir quedarse en su incredulidad o en sus creencias paganas o conocer hoy a este Dios, a este Señor que está sanando enfermos como en Galilea, de esta elección depende dónde pasará la eternidad, recuerde esto: “El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya a sido condenado…”(Juan 3:18), ahora, en su corazón ya sabe ud. a donde se va “mi pueblo perece por falta de entendimiento”, quizás en sus creencias es feliz, pero sepa que: “Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os predicare un evangelio diferente del que le hemos predicado, sea anatema” (Gal. 1:8). Si así y todo no creyó, nosotros no lo podemos cambiar, solo Dios, pero si creyó, ud. acaba de hacer la decisión más grande de su vida, y para empezar una vida en comunión puede empezar orando así:

“Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob, te confieso Padre que soy pecador, y creo que El Señor Jesucristo murió por mis pecados, en la cruz y resucito para mi justificación, Ven a mi vida, sé dueño de mi corazón, cubre mis pecados con tu sangre preciosa y escribe mi nombre en el libro de la vida, y hazme nacer de nuevo, del agua y del espíritu, gracias, Señor por tu regalo de la vida eterna, gracias por tu misericordia, gracias Señor, gracias…”

Confiésele sus pecados al Señor y sepa que Él obrara en manera poderosa en su vida como obró poderosamente en la mía.

Hermano en Cristo, sepa esto: ¡CRISTO VIENE PRONTO!. Amen, Ven, Señor Jesús…

Juan Lopez

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