De la prision de las drogas a Jesucristo


hombre-soloEl siete de enero de 1993 yo era un hombre arruinado, perdido, herido, enojado y confundido. Encarcelado, con mi vida ya destruida mediante drogas y crimen, acabé de recibir noticias destrozadoras. La madre de mis dos hijos más jóvenes había sido asesinada, apuñalada a muerte por un hombre compañero y vecino. Abrumado de pena y temor por mis niños, yo, un endurecido 41 años de edad presidario estuve llorando por horas en frente de todos los que estaban en la celda. ¿Cómo? – me preguntaba- ¿había yo llegado hasta ese punto? y ¿qué era lo próximo que me iba a pasar?

El Hijo del Borrachón
Nací en Paterson, New Jersey en 1951. Mi padre era alcohólico y nuestra historia era la misma que la de todas las familias plagadas por el alcohol. Dinero que debía comprar comida y ropa para nosotros los niños se gastaba día tras día y noche tras noche en el bar local. Yo era conocido en el pueblo como el hijo del borrachón, reconocido por mis viejas ropas y zapatos con hoyos. Un día cuando tenía hambre y no encontré en la casa nada de comer, me comí una jarra entera de mayonesa. Me enfermé tanto que hasta el día de hoy no como mayonesa.

Yo amaba a mi padre y él debió de haberme amado a mí porque me nombró a mí (el más pequeño de sus hijos) en honor de su mejor amigo de parranda, un policía local, capitán, llamado Gilbert Pomeroy. A veces mi padre me llevaba al bar con él; yo me sentaba allí por horas mientras el reía, tomaba y pasaba un buen rato. Sus amigos a veces me tomaban pena y me compraban refrescos para ayudarme a pasar el tiempo. Cansado de la escena le rogaba que me llevara a casa. El siempre me decía “Un poquito más”.

En las Calles
El murió cuando yo tenía 9 años. Mi madre me crió como mejor pudo. Aveces me llevaba a una iglesia Bautista y trató de hacerme ir a la escuela, pero nunca pasé del séptimo grado. Después de golpear a un profesor y a un director salí y nunca más volví. Por alguna razón ellos no trataron de encontrarme, incluso teniendo yo sólo catorce años de edad, muy por debajo de la edad legal para salir de escuela.

Desde ese momento yo estaba sólo responsable para mí vida. Viví adentro y afuera de las calles de Paterson y mentía con respecto a mi edad con fin de encontrar trabajo . Pensaba que era rudo y “cool” y me gané el respecto en las calles, pero mi corazón estaba vacío. Más tarde desarrollé una adicción por las drogas que duró 20 años.

Drogas
Me casé y fui el padre de dos hermosos hijos, Dottie and Gilbert Jr., a los cuáles amé mucho pero, por culpa de mi adicción por las drogas perdí todo lo que yo apreciaba. Primero perdí mi cordura, luego control, y más tarde en 1979 mi esposa e hijos, y aún me perdí la infancia de Dottie y Gilbert.

Finalmente perdí mi libertad. Junto con la participación por las drogas, viene un estilo de vida y mentalidad de forajido y yo no fuí la excepción. El trato con las drogas y otras actividades me mantuvieron adentro y afuera de la cárcel por años.

Durante este tiempo tuve otra larga y seria relación amorosa la cuál resultó en dos hijos más, Rebecca y Robert. Cuando Rebecca y Robert tenían 5 y 6 años, y mientras que yo estaba
encarcelado, su madremadre fue asesinada. Ellos quedaron solos y yo sin poder hacer nada.

Estudios Bíblicos
Había estado asistiendo a un estudio bíblico en la cárcel del condado de Morris más por curiosidad y aburrimiento que por otra cosa, pero después de esta tragedia mi actitud cambió. ¿Habían realmente respuestas? ¿Habría ayuda en ésta “cristiandad”? El hombre que conducía los estudios bíblicos, quien era conocido por todos como “Hermano Dick,” me visitó y me habló acerca del Señor Jesús. Aquella semana nos mostró una película llamada “Jesús” acerca de la vida de Cristo.

Yo estaba aturdido por la vida de éste hombre. Este Dios vino en persona a su creación. Su humildad, su bondad, y su amor tocaron mi corazón. Yo miraba, asombrado, cómo El fue burlado, coronado rey con una corona de espinas, golpeado y clavado en una cruz. ¡Esa entonces era la respuesta! Jesús estaba tomando el castigo por mis pecados, los pecados que me trajeron a mi presente degradación y pena. Y su resurrección era mi esperanza también, la esperanza de una nueva vida y futuro eterno.

El Salvador
Al final de la película Dick preguntó que si alguno quería entregarse a Cristo. Sin saber lo que hacía me encontré a mis pies con lágrimas en mis ojos. Aquella noche, el 14 de enero de 1993, con el alma perdida y el corazón roto le perdí al Salvador que me perdonara y me ayudara, me redimiera y se encargara de mi vida. 2a Corintios 5:17 dice “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaran ; he aquí todas son hechas nuevas”.

Mi nuevo Señor empezó a trabajar inmediatamente. Guardias y presos por igual se sorprendían al realizar que ya no podían contar conmigo para robar comida de la cocina para ellos. Aunque el dolor de mi reciente pérdida aun estaba fresco yo tenía paz en vez de desesperación. El Señor no sólo me encaminó sino que empezó a enderezar mi enredada vida también.

Mis Hijos
Mi mayor temor por el momento era que mis hijos iban a ser separados y colocados en un lugar para crianza. Frenéticamente traté de localizarlos y encontrar a alguien que los cuidara, pero me frustré con las regulaciones de la cárcel con relación a los teléfonos y contacto con el exterior. Inesperadamente su tía se ofreció a cuidarlos hasta que yo pudiera cuidarlos otra vez. Dios arregló lo que yo, un desamparado encarcelado, no podía.

Más tarde oí de un retiro cristiano para la recuperación de drogas, “La Colonia Americana de Misericordia de Keswick,” en Whiting, New Jersey. La Colonia no es un programa tradicional de recuperación, sino un lugar donde los hombres son enseñados a leer, entender, y vivir las escrituras. Dick me ayudó con el proceso de aplicación y fui aceptado, esperando el resultado mi caso.

Afuera de Las Paredes de La Prisión
Después de la sentencia pasé varios meses en prisión, y después regresé a la cárcel del condado para esperar mi libramiento para la colonia de Keswick. Cuatro días de intervalo antes de qué fuera admitido en la Colonia amenazaban con mandarme de vuelta en prisión, pero Dick se ofreció a actuar como mi custodia en su casa y transportarme personalmente a Keswick. Sorpresivamente el juez concedió.

Fue en un tibio fin de semana de junio cuando yo empecé a caminar con Dios afuera de las paredes de la prisión. Fui a las reuniones de la iglesia y mi hija mayor, Dottie, trajo su pequeña hija Desiree junto con mis pequeños Rebecca y Robert a verme. Testigo de nuestra tierna reunión tan llena de lagrimas fue la mujer que más tarde iba a ser mi esposa, aunque ninguno de los dos lo hubiese creído en ese momento.

Pastillas para Cristianos
En Keswick tenía otro ajuste que hacer. 41 años de vida callejera no me prepararon para compartir con cristianos a toda hora. “¿Qué pasa con ésta gente?” me preguntaba. “Ellos actúan como si hubiesen tomado pastillas para cristianos”. Casi no sabía la diferencia entre un capítulo y un versículo de la Biblia, menos doctrinas de cristiandad, así es que todo era muy extraño para mi al principio. ¡Y la parte de la humildad! La humildad definitivamente no era mí, pero el Señor fielmente me tomó entre sus manos y los hermanos me amonestaron y me enseñaron con ejemplo y de la escritura. También yo estaba muy confundido por la insensibilidad e hipocresía de algunos, pero el Señor no permitió que esto me desanimara, más bien me dejó ver el por qué de esto.

Después de tres meses necesitaba decidir qué iba a hacer, pues el programa era sólo por 90 días y realizaba que si volvía a mi viejo entorno, podía bien fácilmente regresar a mis viejos días, aunque por el otro lado quería estar con mis hijos. Cuando oraba y pensaba en mi dilema, me llegó una carta de Dick, invitándome a vivir en su casa hasta que más adelante recibiera dirección del Señor.

El Plan de Dios
Una vez establecido allí, tomé en cuenta mi situación: sin trabajo, sin hogar, sin licencia de manejar, sin dinero y sin manera de cuidar a mis hijos. Las cosas no parecían muy optimista pero Dios tenía un plan y me dio paz. Aunque no podía dejar de preguntarme ¿Cómo es que ésta nueva vida va a trabajar?.

En el próximo pueblo, las hijas de Dick se preguntaban también “¿Qué puede hacer él? El parece estar en una situación sin esperanza.” “Oh, él probablemente encontrará a alguien con quien casarse; dale tiempo.”

Una Mujer Para Ti
Si no hubiese sido por los niños, no me hubiese importado el casarme, pero tiempo atrás en la cárcel del condado, el Dick me había dicho “Créeme; el Señor tiene una mujer para ti.” Yo me quedé anonadado, pero un día sentado en el parquecito en Keswick me había acordado de sus palabras y había hablado acerca de esto con mi nuevo amigo. “Muéstrame,” oré “Si esa es realmente la verdad, esperaré en ti”

Mi nueva vida estaba repleta. Tomaba el tren cada fin de semana para visitar a mis niños y a veces los traía a dormir conmigo para que atendieran la escuela dominical. Tomé prestada una caja de herramientas y caminaba por el pueblo tocando de puerta en puerta como una clase de “hombre ayudador” ofreciendo hacer reparos. Aunque nadie había oído de esto en la comunidad, el Señor mostró su favor y la gente me empleaba, y así empecé un pequeño negocio reparando techos. Finalmente mis privilegios de conducir fueron restaurados.

¿Puede esto ser?
De vez en cuando mis caminos se cruzaban con los de Lyn, la hija mayor de Dick. La había conocido previamente en la cárcel donde ella enseñaba “Inglés Como Segunda Lengua” y visitaba los estudios bíblicos con su guitarra. Aunque me la encontré atractiva, me pareció una arrogante presumida, probablemente porque cansada de los problemas creados por los mismos ex-reos, trataba a toda costa de evitarme.

A pesar de todo nos hicimos amigos y un día después de ayudarla a apalear la nieve de su calzada no podía sacármela de la mente. “¿Puede esto ser?” le pregunté a mi señor “Si puede,” él me aseguró. Tenía mis dudas pero sabía que no descansaría hasta que hablara con ella. Traté de invitarla a salir, pero estaba siempre muy ocupada; finalmente incapaz de sostener el suspenso por más tiempo, un día temprano en la mañana, la llamé y le pedí que se casara conmigo.

Tiempo Para Orar
“Dame el día para orar, pero no tienes nada de que preocuparte” me dijo, y no lo tenía. El mismo Dios que me habló a mí acerca de ella también abrió el corazón de ella para mí, aunque nunca salimos ni por una sola vez.

Tres semanas ante de nuestra boda mi licencia de manejar fue revocada. Al pagar algunas viejas multas, salió a relucir una violación que había hecho en 1977 resultando en la automática suspención de mi licencia. Me pregunté si debía de decírselo a Lyn, temiendo que ella cancelaría la boda, pero reuní coraje y le dí la noticia. Oramos juntos y esperamos por el dictamento de Dios. No sabíamos entonces que éste sería el patrón de nuestra vida, enfrentando resultados del pasado con oración, seguidos por la fuerza y dictamento del Señor, entonces mas profunda bendición. Salmos 50:15 ha sido nuestro lema: “Invócame en el día de la angustia; te libraré y tú me honraras.”

Al día siguiente una compañía de techos cerca de nosotros me ofreció trabajo. Allí trabajé hasta que mi licencia me fue restaurada otra vez y entonces volví a resumir mi propio negocio de techos.

Casados
El 17 de abril de 1994 Lyn y yo fuimos casados con gran gozo. Dos meses más tarde, al final del año escolar, mi sueño se hizo realidad y mis hijos Rebecca y Robert vinieron a vivir con nosotros. El siguiente febrero, Kathleen Elizabeth fue añadida a nuestra familia y dos años más tarde la pequeñisima Victoria, nació dos meses prematura. Su nombre refleja la verdad que hemos aprendido y continuamos aprendiendo, bajo la amorosa mano de nuestro Dios, nuestro Señor y amigo ” Fe es la victoria que vence al mundo”. (tomado de 1a Juan 5:4).

Mediante muchas crisis, demasiado para mencionarlas, él nos ha llevado con seguridad. Nunca ha decepcionado la confianza que hemos puesto en él y nunca lo va ha hacer (ver Salmo 34:22).

Conocí a mi Señor y Salvador a la edad de 41 años. Mirando atrás en mi vida hay muchas cosas que yo lamento, pero lo que más lamento es que viví esos 41 años sin conocer al Señor.

Joel 2:25 dice que el Señor restaurara los años que la langosta se comió. 41 años de mi vida fueron consumidos por pecado y anarquía, pero Dios continúa restaurando lo que “él no ha tomado” ( Salmo 69:4).

“E hízome sacar de un lago de miseria; y puso mis pies sobre peña….puso luego en mi boca canción nueva…alabanza a nuestro Dios.” Salmos 40:2,3.
“Esta es mi historia canto feliz, Loando a Cristo, pues me ama a mí.”

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