Mi reencuentro con Dios


Toda mi vida he sido un escéptico por naturaleza, el cinismo y el sarcasmo han sido mi bandera durante años,encuentro la verdad durante mucho tiempo me burle de aquellos que seguían ciegamente los mandatos de su religión sin cuestionarlos y no entendía a aquellos que hablaban de fe sin ni siquiera tener la definición de diccionario. Solía decir – “Dios me dio esta inteligencia para poder cuestionar las cosas, si él no quisiera que lo cuestionara me habría hecho diferente”

Si bien creo en Dios y me jactaba de tener una relación personal con él, nunca tuve realmente una comunicación real, me limitaba a pedir en tiempos de necesidad y a olvidarme de el en tiempos de abundancia.

Por años usé el conocimiento bíblico como arma para poner en evidencia a aquellos que decían tener la verdad, los desarmaba sin piedad y peor aún, los hacía dudar de aquello en lo que creían, lejos de acercarlos a la luz los acercaba a la oscuridad y en realidad me convertí en eso, un sembrador de oscuridad, un buen día, no se por que razón me di cuenta que no era correcto y decidí dejar de hacerlo, me puse como meta no hablar de religión nunca más con nadie, para no quitarles aquello que tanto atesoraban, su fe.

Nunca consideré el abrazar la religión como parte de mi vida principalmente por el hecho de que, la religión, como organización humana, es por naturaleza, imperfecta. Entonces pensaba, ¿si puedo hablar con Dios directamente para que quiero una religión?.

Pero secretamente anhelaba otra cosa, envidiaba la capacidad que los católicos practicantes tenían de poder vivir sus vidas de forma completamente normal y su forma tradicional de acercarse a Dios, envidiaba el anonimato de sus templos, la posibilidad de perderse entre la multitud sin que nadie le cuestionara ¿Por qué no viniste la semana pasada? O algo similar.

Envidiaba también el ser aceptado por todos los demás al compartir una creencia, rito, fe o como se le quiera llamar, en un país con mayoría católica, el ser de una religión o denominación diferente no es en absoluto fácil.

La oración para mi, era un acto aislado que solo se ameritaba cuando uno tenía una necesidad y a veces, cuando me acordaba, para dar las gracias por algo, pero fuera de eso mi práctica de la religión se limitaba a usar en mi comunicación cotidiana frases como: “Bendito sea Dios”, “A Dios gracias” y “Dios mediante”.

Aún y cuando en mi vida enfrenté la pérdida de seres queridos y que me vi agobiado por el dolor, mi comunicación con Dios no mejoraba, me limitaba a citar a Job diciendo “Jehová dio, Jehová quitó, sea el nombre de Jehová bendito” aceptando mi perdida y casi casi culpándolo a el. Pero aun y cuando las situaciones fueron dolorosas nunca me vi realmente en la necesidad de orar y entregarme a él.

Entonces llegó el verdadero momento de necesidad, cuatro días antes de mi boda, exploté por una tontería y a mi casi esposa la herí y lastimé como tal vez nunca lo había hecho con nadie, siendo ella una persona muy sensible y a quien ya le había hecho daño en el pasado, se fue de mi. Yo en mi soberbia, creí que era solo otra pelea más y que todo se solucionaría, me equivoqué.

Las heridas que abrí fueron mucho más allá de lo que yo hubiese esperado, durante dos o tres días, la verdad no recuero cuantos, no supe de ella, se refugió en casa de una amiga para ocultarse de mi. Todo lo que en un año y cuatro meses construimos juntos estaba en ruinas. Le hice perder una oportunidad de trabajo, tal vez la última que tenía en su área y conociendo su necesidad de trabajo y de independencia económica no me detuve y por ello fue que el daño se magnificó.

La busqué y cuando por fin la encontré pude darme cuenta de la magnitud del daño, la verdad su tristeza inundaba la línea telefónica por la cual hablamos, traté en vano de que me permitiera verla, intenté chantajearla, convencerla, suplicarle pero todo fue inútil. Mi peor pesadilla se había vuelto realidad, la mujer a la que tanto amaba se había ido de mi.

Los días siguientes fueron terribles, la desesperación, la desolación, la impotencia, hicieron presa de mi y las lágrimas rodaron como rios, como nunca antes lo habían hecho, ese llanto aunque sincero era perfectamente merecido considerando el daño que había hecho y en realidad creo que aun si llorara un año entero no podría resarcir el daño.

meetEn mi desesperación me refugié en la oración, recordé que Dios nos prometió que aquello que pidiéramos en nombre de su hijo, nos sería concedido y oré, de todas las formas posibles en todos los momentos posibles, no hubo un momento de desesperación en que no levantara mi voz y le pidiera a Dios, “Señor, ilumina mi camino, dame señales inequívocas de lo que debo hacer” y el señor me respondió, poco a poco, cada pequeña cosa que pedí, se fue volviendo realidad, cada señal que pedí se fue manifestando y un cambio empezó a operarse en mi. Estaba triste, pero el dolor desaparecía, pude sonreír de nuevo, pude entonces empezar a orar no por mi, sino por ella pidiéndole “Señor, ilumina su camino, toca su corazón, llénala de bendiciones, si es tu voluntad seños, muéstrale el camino hacia mi, si no, enséñame la forma de aceptarlo pero quítame este dolor” me di cuenta de que lo que quería era si, tenerla a mi lado, pero también hacerla feliz, si yo no podía hacerla feliz entonces que fuera feliz simplemente.

No fue fácil, cada oración pronunciada tenía el deseo de tenerla a mi lado de nuevo, pero también la aceptación de quien reconoce su error y ha decidido dejarlo todo en manos del altísimo.

Y la paz llegó, de alguna forma, el algún momento, el dolor empezó a ceder, se hizo más tolerable y me permitió ver las cosas de forma diferente, ahora mis dudas eran otras ¿Sería yo un instrumento para que ella fuera feliz?, ¿Sería yo una forma para que ella se acercara a Dios?, No lo sabía pero la verdad valía la pena intentarlo.

No existe aun un desenlace para esta historia, me gustaría decir que todo tuvo un final feliz y que ella regresó, nos casamos y vivimos felices para siempre. Digamos que por lo menos AUN no es así, pero tengo fe en que Dios me mostrará el camino correcto.

Toda la gente a mi alrededor siempre me dijo “Las cosas pasan por algo”, mi madre me dijo “La hoja del árbol no se mueve sin la voluntad de Dios” y es cierto, si la forma en que he sufrido ha servido para acercarme de nuevo a Dios, entonces bienvenido sea. No quiero con esto decir que me alegro de que las circunstancias que lo provocaron fueran buenas ni mucho menos, pero se que Dios obra de formas misteriosas para hacernos llegar sus mensajes.

Hoy estoy tomando una terapia para control de impulsos que me ha permitido descubrir cosas de mi que desconocía, me he dado el tiempo para orar y para reflexionar sobre mi forma de relacionarme con mi familia y con la gente a mi alrededor. Descubrí que mucha de la ira reprimida en mi era producto de cosas fuera de mi control en mi infancia, pero aun y cuando no ha pasado mucho tiempo desde que esto sucedió siento que he avanzado un enorme trecho en mi camino hacia ser una persona mejor.

A ella no la he recuperado, las heridas que le hice no sanan pronto ni fácil, pero tengo fe en Dios y se que el me permitirá mostrarle en realidad lo mucho que estoy dispuesto a hacer con tal de tenerla a mi lado, la religión no importa, para mi son lo mismo católicos que evangélicos que musulmanes que judíos, he descubierto que no importa como te llames, si tu camino es hacia Dios, el mismo guiará tus pasos.

Hoy solo pido una cosa, “Señor cólmala de bendiciones, ilumina su camino, llénala de tu presencia, que su pie no tropiece, que tu amor la inunde”

He reencontrado mi camino hacia Dios y tengo fe en que ella irá de la mano conmigo hacia el.

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