Samuel Vila



Samuel Vila nació el 28 de mayo de 1902 en Barcelona, España, hijo de padres evangélicos.

Bajo el lema impulsado por su padre “Haz aquello que quisieras haber hecho cuando mueras”, se dedicó al ministerio cristiano, estudiando bajo la dirección del profesor de Nimes (Francia), Dr. Rubén Dubarry, que a su vez fue discípulo de Charles Spurgeon.

En 1923, cuando la Misión Bautista del Sur de los Estados Unidos abrió un pequeño Seminario en Barcelona, Samuel Vila entró como profesor de ciencias y lengua española a la vez que alumno de teología, siendo nombrado redactor de la revisa El Eco de la Verdad, de la que posteriormente fue director.

En 1924 fundó la Iglesia Evangélica de Tarrasa (Barcelona) y en 1933 la de Manresa (Barcelona). En 1938, durante la Guerra Civil, tuvo que salir de España y organizó un servicio de asistencia a los exiliados republicanos en Francia, fundando una revista denominada El Refugiado.
De allí pasó a Inglaterra, donde junto a Percy Buffard organizó un comité de socorro para los hambrientos españoles, y posteriormente a Estados Unidos.

En este último país tomó parte en el Congreso Bautista Mundial de Atlanta (Georgia).
En 1939 regresó a España para tomar de nuevo el pastorado de la Iglesia de Tarrasa, organizando cultos en domicilios particulares y ayudando a otras iglesias que también se encontraban clausuradas por el régimen nacional-católico del general Franco, editando el conocido “Sermón por Correo”. Durante cinco años ejerció el cargo de Presidente de la Unión Evangénlica Bautista.

A partir de este momento su vida se convirtió en una lucha constante en defensa de la libertad religiosa en España. Junto a José Cardona, entonces secretario de la Unión y actualmente Secretario Ejecutivo de la Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España, quien recogió el testigo de la defensa de la libertad religiosa en España, se enfrentó a gobernadores, desprecintó locales de culto, editó libros y revistas en la clandestinidad, presentó la causa ante reyes y presidentes, habló al Parlamento británico y mantuvo una intensa correspondencia con el general Franco, hasta el punto de que el dossier de Samuel Vila era uno de los más abultados de los que había en el archivo del que fuera entonces Jefe del Estado, habiendo sido objeto de detenciones y amenazas.

En 1949, a causa de su discrepancia con el misionero bautista David Hughey, que le exigía que limitara su labor a la obra bautista y dejara de compartirla con el cargo de director de la Misión Cristiana Española, presentó su dimisión como Presidente de la Unión Bautista, de la que acababa de ser reelegido Presidente por abrumadora mayoría, y se dedicó a fundar iglesias por todo el país, desde Puigcerdá, en la frontera con Francia, hasta Ceuta y Melilla en Marruecos, iglesias que posteriormente formaron la Federación de Iglesias Evangélicas Independientes de España.

Su labor literaria se remonta a los 22 años de edad, cuando publicó su primer libro: A las fuentes del cristianismo (1924), que fue seguido por La Religión al alcance del pueblo (1926)
Su obra cuenta 45 publicaciones, entre los que cuentan diccionarios y enciclopedias. Tradujo al castellano del inglés y del francés, 193 obras. Varios manuscritos inéditos aguardan turno de publicación.

Tras la guerra civil puso en marcha el Departamento de Publicaciones de la Misión Cristiana Española, en el que, ayudado por dos valientes impresores evangélicos de Barcelona, Salvador Salvadó y Rafael Serrano, imprimió miles de ejemplares de libros evangélicos en la clandestinidad. Posteriormente lo transformó en Editorial CLIE (Comite de Literatura para las Iglesias Evangélicas), instalando en su casa su propia imprenta clandestina en 1964 y pasando a ser la mayor editorial evangélica del mundo de habla hispana a través del ministerio de la Misión Cristiana Evangélica Horeb en España y The Spanish Evangelical Literature Fellowship en Estados Unidos.

En 1970 fue Investido doctor honoris causa y nombrado Académico de la Lengua Española por la Academia Norteamericana en 1991, ha sido uno de los brotes de carácter verdaderamente singular, entrando a formar parte del grupo escogido de hombres y mujeres que dejan huella en la historia; seres que, abrazándose a un ideal, luchan hasta el fin sin que nada ni nadie sea capaz de detenerlos. Su obra, que tanto impacto ha causado a muchos y que tantas almas ha traido a los pies de Cristo, continuará probablemente durante siglos a través de sus libros y su ministerio. Su recompensa y su corona que como el apóstol Pablo la aguardaba poco antes de su muerte, luce ya sobre su sien, habiendo partido a la presencia de Dios el domingo 1 de marzo de 1992.

Escritor popular y respetuoso, jamás descendió a la crítica personal, ni se dejó llevar por amarga ironía a la hora de hacer frente a sus opositores, pese a que un buen número de sus obras son de carácter apolético y controversial, y se vio censurado desde sus mismísimos comienzos, cuando los jesuitas lanzaron contra él una serie de libritos titulados Fe Católica. No hay acritud sino amabilidad en todas sus páginas. Evangélico de evangélicos siempre buscó el lado positivo de las cosas y de las gentes y la parte de verdad que a cada rama del cristianismo pertenece, en cuanto basadas en algún aspecto de la Escrituras. Siempre creyó en las pruebas racionales de la fe cristiana, tocante a la existencia de Dios, la deidad de Jesucristo y la inmortalidad del alma.

Fuente: Editorial Clie

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