Raúl Wallenberg


Raoul-WallenbergEl diplomático sueco Raúl Wallenberg salvó la vida de por lo menos 100.000 judíos húngaros durante la Segunda Guerra Mundial. Sus pasos se perdieron en el gulag soviético en 1945, y aunque su destino sigue siendo un misterio, dejaron una huella en los vericuetos de la historia que reniega del olvido.

Wallenberg nació el 4 de agosto de 1912, en una aristocrática familia piadosa luterana. Su padre murió tres meses antes de su nacimiento y su madre volvió a casarse siete años más tarde.
Después de terminar el servicio militar, partió a Estados Unidos a estudiar Arquitectura en la Universidad de Michigan. Luego fue a trabajar a Ciudad del Cabo y finalmente a Haifa, por entonces Palestina. Allí, por primera vez, tuvo contacto con judíos que huyeron de la Alemania de Hitler.

Hacia la primavera de 1944, “La Solución Final del Problema Judío” ya tenía amplia difusión en Hungría, que contaba todavía con 700.000 judíos residentes. Hitler ordenó la ocupación de Hungría y muy pronto los trenes de deportación empezaron a trasladar judíos húngaros hacia una muerte segura en los campos de Auschwitz y Birkenau.
Ese año, Estados Unidos creó la Oficina de Refugiados de Guerra (ORG), con el objetivo de salvar a judíos de la persecución nazi.
Desde Suecia, Wallenberg, quien se enorgullecía de sus raíces en parte hebreas, se convirtió en el candidato ideal y en julio del ’44 llegó a Budapest como primer secretario de la misión diplomática de su país. Para entonces, más de cinco millones de judíos habían sido asesinados y en la capital, bajo la dirección de Adolf Eichmann, los alemanes ya habían deportado a más de 400.000.

Al igual que Oskar Schindler, el industrial alemán, Wallenberg usó su poder para salvar a miles de personas. Y recurrió a métodos nada convencionales para un diplomático: desde el soborno hasta el chantaje. Diseñó un pasaporte sueco protector (sin valor para las leyes internacionales), del cual emitió más de 13.000 unidades. A su vez, multiplicó su personal a varios centenares de personas, todos judíos.
Luego, expandió los Hogares Suecos, que protegieron hasta 15.000 personas. Hacia finales de la guerra, Wallenberg también estuvo al lado de los judíos forzados a abandonar Hungría a pie, en las brutales marchas de la muerte ordenadas por Eichmann.
Entre los judíos húngaros el apellido Wallenberg fue pronto sinónimo de una esperanza desconocida hasta entonces.

Wallenberg era un héroe sin armas. Sólo disponía de su inmunidad diplomática, que poco valía ante laRW-Angell-Hall impiedad del nazismo. No poseía ningún instrumento de lucha fuera de la palabra. Su imaginación reemplazó a la fuerza y su destreza intelectual, al fusil. Enfrentó todos los peligros con la valentía de un héroe de saga escandinava, aunque sin espada.
En una hazaña inigualable durante el Holocausto, logró, directa e indirectamente, salvar la vida de 100.000 personas.

Wallenberg es un héroe sin tumba. El 17 de enero de 1945 las tropas soviéticas, que acababan de liberar Budapest, lo arrestaron y su paradero se desconoce hasta el día de hoy. Desapareció para no volver a ser visto nunca más.

Raúl Wallenberg, un protestante luterano cuya compasión y amor por el pueblo judío lo ha hecho merecedor de un lugar en el corazón de Israel.

Puedes colaborar para esclarecer definitivamente el destino de Raúl Wallenberg colocando tu firma, que se sumará a otras miles que serán enviadas al presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin.

Fuente: The International Raoul Wallemberg Foundation

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